Vinos y Destilados

Miguel Torres Chile consolida nuevos avances en la medición de su huella de carbono

La viña familiar del Valle de Curicó, profundiza su compromiso climático manteniendo firme su meta de reducir un 50% de sus emisiones hacia 2030, uno de los grandes desafíos de sostenibilidad para la industria vitivinícola.


En un contexto donde el cambio climático redefine profundamente el futuro del vino a nivel mundial, Miguel Torres Chile continúa fortaleciendo su trabajo en medición y gestión ambiental, entendiendo que producir vino hoy implica también asumir una responsabilidad activa con el territorio, los recursos y, en especial, con las generaciones futuras.

La bodega familiar del Valle de Curicó acaba de concluir su auditoría de verificación externa de huella de carbono realizada por la empresa LRQA, obteniendo nuevos resultados respecto de su año base 2018. En el reporte, las cifras reflejan una disminución del 30% en el valor total medido y de 22% en intensidad de emisiones, indicador que considera los kilos de CO₂ equivalente emitidos por botella o litro de vino producido.

Este inventario de Gases de Efecto Invernadero GEI, fue realizado bajo la Norma ISO 14065 y abarca la totalidad de las emisiones en todas las categorías (1, 2, 3, 4 y 5).

Pero más allá de los números, desde la Miguel Torres Chile destacan el valor de la medición constante como herramienta para comprender mejor el impacto de la actividad vitivinícola y orientar decisiones futuras en un escenario donde producir vino será cada vez más desafiante.

“Para el vino, hablar de sostenibilidad ya no es una opción, sino una necesidad. El clima está cambiando nuestros territorios, nuestras vendimias y nuestras formas de producir. Medir, entender y gestionar nuestras emisiones es parte del compromiso que asumimos como compañía y como industria”, señalan Jaime Valderrama, gerente general de Miguel Torres Chile.

Objetivos y desafíos futuros

Los resultados muestran disminuciones transversales en distintas áreas evaluadas. Aunque parte de estas variaciones puede estar vinculada a dinámicas operacionales propias de períodos complejos para el sector, la compañía releva también el trabajo sostenido en ámbitos específicos, como la gestión del consumo de refrigerantes, a través de una mantención más planificada y un seguimiento permanente de este factor. Además, ha sido determinante el trabajo en torno a la eficiencia energética, impulsada por el uso de energías renovables y por el reemplazo de equipamientos convencionales por otros de bajo consumo.

La meta propuesta por la viña sigue siendo clara: alcanzar un 50% de reducción al año 2030. Sin embargo, el camino hacia ese objetivo supone avanzar hacia medidas de mayor profundidad, incluyendo inversiones, innovación tecnológica y transformaciones en procesos productivos y cadena de suministro.

Entre los desafíos futuros figuran alternativas como la renovación de sistemas energéticos basados en combustibles fósiles, el avance hacia electromovilidad y una mayor integración de proveedores estratégicos —particularmente industrias de alta incidencia como la cristalería— en procesos de medición y reducción de emisiones.

Para Miguel Torres Chile el desafío no termina en las metas propuestas, ya que el camino apunta a seguir disminuyendo la huella que deja su actividad en el planeta, avanzando hacia un objetivo mayor: la carbono neutralidad, donde el balance entre emisiones y mitigación pueda, algún día, llegar a cero.

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