Hasta un 56% de las mujeres podrían experimentar dolor en algún momento de su vida sexual: la realidad que muchas aún viven en silencio
El dolor durante la actividad sexual sigue siendo, para muchas mujeres, una experiencia dolorosa y poco o nada disfrutada. En la mayoría de los casos las dificultades a la hora de hacer actividad sexual no se cuentan, no se consulta a un especialista, y en demasiados casos, se termina normalizando como parte de la vida íntima. La dispareunia —el término médico para referirse a este tipo de dolor— no es un fenómeno raro, pero sí uno del que todavía se habla poco y tarde.
Las cifras son alertantes. Se estima que entre un 20% y un 40% de las mujeres experimentará dolor en algún momento de su vida sexual. Sin embargo, ese número contrasta con la baja consulta. La vergüenza, la desinformación y la creencia de que “es normal” siguen operando como barreras silenciosas que postergan el diagnóstico, el tratamiento y, muchas veces, prolongan la disfunción durante años.
El dolor puede adoptar distintas formas. Algunas mujeres lo describen como ardor o sensación de corte; otras, como presión profunda o una molestia punzante que aparece al intento, durante o incluso después de la penetración. No hay una única manifestación, y tampoco una sola causa. Detrás de la dispareunia pueden coexistir factores ginecológicos, hormonales, psicosociales y emocionales que deben ser tratados por los profesionales correspondientes, pero también un componente que quizás puede ser el más importante y durante mucho tiempo ha sido subestimado: el muscular.
El piso pélvico cumple un rol clave en la función sexual y en el bienestar físico general. Cuando esta musculatura se encuentra tensa, en activación sostenida o descoordinada, puede generar dolor persistente o recurrente. Aun así, no siempre es evaluada durante el proceso diagnóstico, lo que explica por qué muchas mujeres pasan por múltiples consultas y especialistas sin encontrar una solución real. La evidencia muestra que el 60% de las mujeres que buscan ayuda, van a visitar por lo menos 3 especialistas antes de ser diagnosticadas correctamente.
En ese escenario, la kinesiología pélvica ha demostrado con evidencia de alto nivel, ser un tratamiento efectivo para el alivio del dolor y la mejora de la calidad de vida de mujeres con dispareunia. Carolina Silva, kinesióloga pélvica, es especialista en sexualidad funcional y explica que una cantidad importante de las pacientes que llegan a su consulta arrastra una historia larga de dolor y frustración sin respuestas efectivas a su queja de dolor. Muchas han pasado por distintos especialistas, se han realizado exámenes e incluso han recibido tratamientos que no abordan el origen del problema. “Muchas pacientes reciben abordajes que generalmente buscan solo disminuir la sensibilidad local a través del uso de anestésicos tópicos, disminuir la fricción de las superficies durante la penetración con lubricantes e incluso, muy preocupantemente, les orientan a alcoholizarse antes de la actividad sexual”, señala.
El abordaje kinésico de la dispareunia pone el foco en el cuerpo desde una perspectiva funcional. A través de técnicas como la liberación miofascial de bandas tensas musculares, se trabaja directamente sobre los músculos del piso pélvico y el tejido de colágeno que los reviste (fascia) para ganarles flexibilidad y elasticidad, que se traduce en la disminución del dolor. A esto se suma el entrenamiento con dilatadores vaginales de forma funcional, que permiten reeducar la respuesta de los músculos a la distensión y reducir la hipersensibilidad frente a la penetración, permitiendo entrenar a la persona para que sea consciente de las sensaciones intra pélvicas sin sentir dolor. Una vez que ya no hay tensión muscular significativa, ni dolor, el proceso de tratamiento se completa con entreno muscular específico del piso pélvico, orientado a mejorar todas las cualidades musculares y potenciar las que estén menos desarrolladas —incluyendo la relajación y la coordinación– junto con educación en anatomía y biomecánica genital para la función sexual y autoconocimiento, los cuales son fundamentales para recuperar el control y la conexión con la zona pélvica y genital.
“Es hermoso ver como las pacientes se apropian de los músculos de su piso pélvico que ni sabían que existía ni cómo funcionaba y durante del tratamiento, paran por fin de tener miedo a esa región que por mucho tiempo les trajo angustia, rechazo y rabia y comienzan a ver cómo su vida sexual les trae felicidad” comenta Carolina Silva.
Más allá del tratamiento, el desafío sigue siendo cultural. Mientras el dolor continúe siendo un tema incómodo o difícil de verbalizar, seguirá llegando tarde a consulta. La dispareunia no es una condición rara ni excepcional, y tampoco es algo que deba asumirse como parte inevitable de la sexualidad.
Visibilizarla es, en muchos sentidos, el primer paso. Porque entender que el dolor no es normal permite abrir la puerta a algo que, hasta ahora, muchas mujeres no sabían que existía: la posibilidad real de una vida sexual sin dolor.
Carolina Silva
Kinesióloga pélvica
Especialista en Sexualidad funcional
www.carolinasilva.cl
@la.carosilva
También te puede interesar
¿Cómo cuidar nuestra piel después del verano?
Marzo 20, 2025
Ejercicio físico y mental son claves para un envejecimiento activo y positivo
Octubre 10, 2025